Cuidar al cuidador en la Crianza Atípica: lo que viven las madres diversas.

cuidar al cuidador en la crianza atípica Psicóloga Charo Poggi

Hace unos días publiqué en el blog un post sobre la importancia de cuidar al cuidador. Un tema recurrente en casi todas las familias, donde alguien asume el rol de cuidador principal y la carga que eso conlleva.

Hoy, retomando el tópico, voy a centrarme en los cuidadores de personas dependientes, ya sea por tener una enfermedad o discapacidad. 


A pesar de los puntos en común entre todas las figuras de cuidadoras (y me permito hablar en femenino porque, según las estadísticas del INE, el 85% de las responsables del cuidado de familiares dependientes son mujeres), las (p) maternidades atípicas están expuestas a  una serie de factores mucho más complejos que no podemos igualar en la balanza con la crianza típica.

¿No crees?

Lo que viven las (p) madres atípicas

Por enumerar algunas de las dificultades presentes en las madres atípicas, y coincidiendo con lo que me trasladan mis propias pacientes, diría que:

-El nivel de esfuerzo físico es enorme. No solo por las necesidades de movilizar al hijo dependiente y realizar múltiples desplazamientos diarios, sino por la ausencia de descanso.

-La incertidumbre y el miedo ante el pronóstico del hijo dependiente, su posibilidad de autonomía, incluso su capacidad de supervivencia y de ser feliz en una sociedad poco preparada para la diversidad…generan un stress difícil de sobrellevar sin una red de contención válida.

Puede interesarte leer el estudio sobre “EL ESTRÉS EN LAS MADRES DE NIÑOS CON AUTISMO.” (clic aquí para leerlo en inglés, y aquí para la traducción en español por A Lo Aspergiano)

-La carga mental en la organización y logística  de la crianza atípica, llena de revisiones, especialistas, terapias, trámites y gestiones no suele ser compartida.

Podemos leer en el libro “Tener un hijo con autismo” de Melisa Tuya

“…Tener hijos es hacer un máster en gestión del tiempo; si uno de esos hijos tiene autismo o una discapacidad, aún más….”

-La sensación de culpa por la desatención de los otros hijos normotípicos. 

-Las posibilidades de conciliar la vida laboral y el rol de cuidadora es casi inexistente.

Y no solo tiene repercusiones económicas. Trabajar no es imprescindible, que uno de los padres decida no trabajar es totalmente respetable y puede ser enriquecedor para la persona que ha hecho esa libre elección a conciencia, pero dejar tu profesión para centrarte en el cuidado de tu hijo también puede suponer que tu mundo se haga más pequeño, que no puedas hablar con otros adultos de otros temas, que no consigas el descanso y estímulo mental que te da salir de casa a trabajar y a relacionarte con otros, que renuncies a tu independencia económica con la marejada de fondo que apareja.”

Madre reciente para 20 minutos.

Los gastos asociados a la discapacidad o enfermedad suponen un impacto en la economía familiar, y más aún teniendo en cuenta el punto anterior, cuando merman los ingresos.

-Y aquí el punto más difícil de gestionar: la sensación de vivir en una montaña rusa emocional. Esa mezcla de felicidad infinita cuando se cumplen pequeños grandes hitos, de agotamiento extremo, de luchas continuas en cientos de frentes, las dificultades impuestas por el entorno que se transforman en barreras realmente discapacitantes y la sociedad que se percibe apática, como podemos leer en este post de Geraldine de Criando 24/7

“…hay días, como hoy, en que las fuerzas flaquean. 

¿Cómo no colapsar si yo, como adulta, no consigo entenderme con otros adultos? ¿Cómo creer que vosotros, tan pequeñines, vais a poder enfrentaros a la falta de recursos y voluntad por parte de quienes deben protegeros?

Dicen que para criar hace falta una tribu, y estoy convencida de ello. Pero la tribu es extensiva, no sólo se conforma con la gente de nuestro entorno cercano, amigos y familia.  La tribu también es esta sociedad que mira hacia otro lado.”

En este de María de Cinco Sentidos y medio:

“Mi hijo, al igual que todos, tiene derecho a vivir, sentir y participar en la sociedad con los demás y tiene derecho hacerlo en las mismas formas y condiciones que el resto. La inclusión no es solo una palabra, ni tampoco una quimera, es una realidad. Luchar por ella es luchar por él y por todos nuestros derechos.”

En este otro de Vanesa de Y de verdad tienes tres

“Particularmente una de las cosas que peor he gestionado -y gestiono-, es que la gente me compadezca, o sea condescendiente, o me victimice. Además son conductas que se dan muchas veces en los entornos cercanos. Nada más lejos de lo que yo siento. No me siento especial, ni presa de la mala suerte, ni víctima de un destino cruel…y así el proceso de aceptación, de elaboración de emociones sanas y positivas a veces resulta más complejo porque no te dejan, sin más.”

¿Te reconoces? 

¿Cómo gestionas ese maremoto de emociones? 

¿Te permites verbalizar tu cansancio emocional, tus frustraciones?

¿Qué estrategias utilizas para mantenerte resiliente y luchadora?

¿Dedicas algo de tiempo semanal para cuidarte?

Me encantará leerte, cuéntame. 

En el próximo post seguiré abordando el tema de la crianza atípica y la importancia trascendental de encontrar un espacio de contención y respiro para las (p) madres cuidadoras.

Leo y respondo todos los comentarios, no dudes en escribirme.

Firma de Psicóloga Charo Poggi

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Imágenes propias y Freepik

3 comentarios en “Cuidar al cuidador en la Crianza Atípica: lo que viven las madres diversas.”

  1. Tengo un hijo de 9 años con autismo. Yo no tengo absolutamente nada de tiempo para mi. Me pienso y busco el tiempo durante semanas para hacer una llamada larga a un amigo porque no dispongo de 15 minutos para poder hablar tranquilamente sin interrupciones. La gente se extraña cuando digo esto. Algo tan sencillo. Pero es asi.

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